Cuánto cuesta un logo: los cuatro tramos que existen de verdad
No hay un precio del logo: hay cuatro mercados distintos que se llaman igual. Los generadores automáticos van de 0 a 60 € al año, y el detalle importante es ese «al año»: pagas una suscripción por descargar los archivos y, si la cancelas, en muchos casos pierdes el acceso a los originales. Los encargos de marketplace se mueven entre 20 y 100 €: casi siempre una tipografía de catálogo con un icono comprado en un banco de imágenes. Un diseñador independiente que vive de esto cobra en España entre 150 y 600 € por un logo con varias propuestas, correcciones y archivos en condiciones. Un estudio pequeño va de 800 a 2.500 €, porque dentro entra mirar a la competencia y entregar unas normas de uso. Y una agencia de branding rara vez baja de 3.000 €, con proyectos de 10.000 € en adelante cuando incluyen nombre, envases o rotulación.
Son rangos orientativos del mercado español a finales de 2026, y hay excepciones en los dos sentidos: un recién licenciado que cobra 90 € para hacer currículum y un estudio con lista de espera que no abre carpeta por menos de 4.000 €. Lo que no existe es el tramo mágico: nadie hace por 50 € el trabajo de 1.000 €, simplemente te entrega menos cosas, y la diferencia no se ve en el dibujo, se ve seis meses después, cuando hay que poner ese logo en un toldo o bordarlo en una bata.
La pregunta útil no es cuánto cuesta un logo, sino qué tramo necesita tu negocio. Si tu marca va a vivir en una ficha de Google, una web y un cartel, el tramo de diseñador independiente resuelve de sobra. Si vas a fabricar envases, rotular una furgoneta y vender en estantería al lado de marcas grandes, ahí el estudio se paga solo. Y si aún estás probando si el negocio funciona, un logo sencillo y bien entregado es mejor inversión que uno caro que quizá no llegues a usar.
Por qué el mismo dibujo cuesta 60 € o 2.000 €
Lo que sube el precio casi nunca es el dibujo: es todo lo que lo rodea. Las propuestas: una sola ruta cerrada frente a tres caminos distintos con su explicación. Las correcciones: un presupuesto serio dice cuántas rondas entran (dos o tres es lo normal) y qué cuesta la cuarta; si no lo dice, el trabajo se alarga y la tensión aparece justo al final. Las versiones: un logo de verdad son varios logos, porque el mismo símbolo tiene que funcionar en un sello de perfil de 48 píxeles y en una lona de cuatro metros.
Después vienen las dos partidas que nadie mira en el presupuesto y que son las que de verdad separan los tramos: la licencia de la tipografía y la cesión de derechos. Las tipografías no son gratis: muchas se licencian por uso, y la licencia de escritorio con la que un diseñador compone tu nombre no siempre cubre que tú la uses luego en tu web o en una app. Si el logo se entrega con el texto convertido a curvas, el problema desaparece para el logo, pero no para los textos de la marca.
Y hay un coste oculto que no está en ningún presupuesto: rehacerlo. Cambiar de logo a los dos años no es volver a pagar el logo, es volver a pagar los rótulos, las tarjetas, el escaparate, las etiquetas, los perfiles y la cabecera de la web, y aguantar una temporada en la que tus clientes ven dos marcas distintas. Por eso el logo barato que no aguanta sale más caro que el logo normal que aguanta diez años.
Los archivos que tienes que exigir antes de pagar
Esta es la parte práctica y la que más dinero ahorra. Pide por escrito, en el presupuesto, que la entrega incluya: el original vectorial (SVG, AI, EPS o PDF vectorial), que es el único archivo que se amplía sin pixelarse y el que te pedirá cualquier imprenta, rotulista o bordador; PNG con fondo transparente en varios tamaños para el día a día; una versión horizontal y otra compacta o cuadrada, porque un logo largo no cabe en un avatar redondo; la versión a una sola tinta, en negro y en blanco, para sellos, serigrafía, facturas y fondos oscuros; y los códigos de color en HEX, RGB y CMYK, más el Pantone si vas a imprimir.
Dos comprobaciones que puedes hacer tú mismo en dos minutos. La primera: abre el archivo vectorial y amplíalo al 1.000 %; si los bordes se ven borrosos o cuadriculados, no es un vector, es una imagen metida dentro de un vector, y eso no sirve para imprenta. La segunda: imprime el logo en blanco y negro en una hoja normal y mírala a un metro. Si deja de entenderse, el logo depende del color y del tamaño grande, que es exactamente lo que falla en una tarjeta, en un sello o en el bordado de un polo.
Pide también el tamaño mínimo al que se puede usar y, si existe, una hoja con las normas básicas: espacio libre alrededor, qué no se puede hacer (deformarlo, cambiarle el color, ponerle sombra) y qué fondos admite. No hace falta un manual de cuarenta páginas; con dos folios bien hechos tu rotulista y tu imprenta dejan de improvisar, y tu marca deja de verse distinta en cada sitio.
Las trampas del logo barato (y las del caro)
La trampa más común es el icono de banco de imágenes: un símbolo comprado por 3 € al que se le pone tu nombre al lado. Funciona hasta el día en que descubres que otros doscientos negocios usan el mismo, y hasta el día en que intentas registrar la marca y te encuentras con que no puedes impedir que nadie más lo use. Se detecta buscando por imagen en Google: si el símbolo aparece en una web de iconos, eso es lo que has comprado. La segunda trampa es la entrega en JPG: fondo blanco pegado, imposible de poner sobre una foto y de recortar en vinilo.
La tercera es el logo generado con inteligencia artificial, y aquí hay que separar dos cosas que se mezclan siempre. Registrar la marca sí puedes: a la oficina de marcas le da igual quién dibujó el signo, lo que mira es si distingue tus productos de los de otros. El problema es el otro: una imagen sin autoría humana no tiene derechos de autor detrás, así que no tienes esa segunda capa de protección, y como el generador responde a prompts parecidos con resultados parecidos, es fácil acabar con un símbolo casi idéntico al de otro negocio. Si te interesa el tema, lo contamos con más detalle en la guía de crear una página web con IA.
Y el caro también tiene la suya: pagar 2.500 € por un logo precioso y quedarte sin presupuesto para el sitio donde la gente te busca. El logo no trae clientes por sí solo; lo que hace es que el negocio parezca el mismo en todos los sitios donde apareces. Si tienes que elegir, elige primero estar en los sitios donde te buscan y que ahí se te vea serio.
Quién es el dueño del logo: la cesión tiene que estar por escrito
Esto sorprende a casi todo el mundo: en España, pagar un diseño no te convierte automáticamente en dueño de los derechos. La Ley de Propiedad Intelectual parte de que los derechos de explotación nacen en el autor, y para que pasen a ti hace falta una cesión por escrito. Sin ese papel, lo que tienes es un archivo y un permiso difuso, y el día que quieras licenciar tu marca, venderla o meterla en el traspaso de un local, el detalle importa.
Lo que tiene que decir el presupuesto o el contrato, en una línea cada cosa: que la cesión es en exclusiva, para todos los soportes y medios, con ámbito territorial (lo habitual es «todo el mundo») y por el tiempo máximo que permita la ley. Si pone «cesión de uso para redes sociales», estás alquilando tu propio logo. Y si no pone nada, pregúntalo antes de pagar, no después: luego es una renegociación.
Dos matices honestos. El primero: los derechos morales no se ceden, así que el autor sigue siendo el autor y puede enseñar el trabajo en su portfolio; eso es normal y no te quita nada. El segundo: si el logo incluye una ilustración o una tipografía de un tercero, tu diseñador no puede cederte lo que no es suyo, así que pide que te diga qué licencias lleva dentro y a nombre de quién están. En nuestros encargos de diseño de marca el logo se entrega con la cesión por escrito y con los originales vectoriales, precisamente porque es la discusión que más veces hemos visto llegar tarde.
Registrar la marca: la OEPM, la EUIPO y por qué un logo no se patenta
Primero, una corrección que se busca mucho en Google: un logo no se patenta. Las patentes son para invenciones técnicas. Un logo se registra como marca, y mientras no lo registres tienes el diseño pero no el derecho a impedir que otro use un signo parecido en tu sector.
Las tasas oficiales, orientativas y comprobables en la web de cada oficina antes de pagar. En España, la OEPM cobra unos 125 € por la solicitud de una clase presentada por vía telemática (el papel sube a unos 150 €) y alrededor de 81 € por cada clase adicional. Si quieres cubrir los veintisiete países de la Unión de una vez, la marca de la Unión Europea de la EUIPO cuesta 850 € por una clase en solicitud electrónica, 50 € la segunda clase y 150 € cada una a partir de la tercera. En los dos casos el registro dura diez años y se renueva.
Antes de pagar, dos pasos que evitan perder la tasa. Uno: busca si ya existe algo parecido en tu sector, en la base de datos de la OEPM y en la de la EUIPO; la oficina no rechaza una marca por parecerse a otra, es el titular de la otra quien se opone, así que el riesgo lo asumes tú. Dos: elige bien las clases de la clasificación de Niza, que son las categorías de productos y servicios; registrar «servicios de peluquería» no te protege la línea de cosmética que vendes en el mostrador. Y un consejo de orden: registra cuando el nombre esté decidido, no cuando el logo esté bonito, porque lo que de verdad defiendes es el nombre.
Si el presupuesto es corto: en qué orden gastarlo
El orden que recomendamos cuando alguien tiene 500 € para todo y pregunta por dónde empezar. Primero, estar donde te buscan: una página web propia y la ficha de Google, porque son los dos sitios donde un cliente decide si te llama. Segundo, el logo, sencillo pero bien entregado, con vectores y cesión. Tercero, la papelería: tarjeta, cartel, sello. Hacerlo al revés —logo caro, tarjetas preciosas y ninguna web— es lo que más veces hemos visto, y es también lo que menos clientes trae.
Hay oficios donde el logo pesa más que en otros, y conviene saber en cuál estás. En una peluquería o barbería el logo se ve en el rótulo, en el espejo y en los botes de producto, así que trabaja todos los días; en un restaurante o bar va en la carta, en la fachada y en el delantal; en un estudio de tatuaje la marca es casi tan importante como el portfolio. En cambio, un técnico que trabaja por recomendación y presupuestos vende más con fotos de obra terminada que con un símbolo perfecto.
Un último criterio, que es el que usamos nosotros: el logo tiene que estar terminado antes de la web, no después. Si el logo llega a mitad del diseño, hay que repetir la cabecera, los colores y el icono del navegador. Por eso cuando se contrata un logo junto con una web sale más barato que suelto —está en la ficha de Branding y en la de webs, con el precio al día— y por eso el primer correo que mandamos pregunta por el logo. Si quieres comparar el otro extremo del presupuesto, en la guía de páginas web baratas contamos qué se puede esperar de cada tramo.
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