Cuánto cuesta un correo con dominio propio al año
Un correo con dominio propio se paga en dos sitios distintos, y confundirlos es el origen de casi todas las sorpresas. Primero el dominio, que se paga por anualidades: como referencia orientativa en 2026, un .es entre 5 y 15 € al año y un .com entre 10 y 20 €. Segundo el buzón, que es el servicio que guarda y envía los mensajes: ahí los precios van de 1 a 7 € al mes por persona, entre 12 y 84 € al año.
Hay dos formas de cobrar el buzón y la diferencia se nota en cuanto dejas de estar solo. Por usuario: cada persona nueva suma su cuota, y una suite completa con documentos y almacenamiento se mueve entre 6 y 10 € al mes por usuario — un equipo de cuatro son 288–480 € al año. Por dominio: entre 20 y 60 € al año con buzones ilimitados dentro de un límite de mensajes diarios, que para dos o tres personas sale por la mitad.
La cuenta realista de un autónomo: unos 15 € de dominio más 30–60 € de buzón, es decir entre 45 y 75 € al año. A tres años son unos 200 €, el gasto fijo más pequeño de un negocio que tiene web. Si alguien te ofrece el correo «gratis para siempre», pregunta qué parte es gratis: casi siempre es recibir, que es la fácil. Los tramos por extensión y la trampa de la renovación están en la guía del precio de un dominio web.
Reenvío, alias y buzón: tres cosas que se confunden a propósito
Un reenvío coge lo que llega a hola@tudominio.com y lo deja en el Gmail que ya usabas. Es gratis en muchos registradores, se monta en cinco minutos y sirve para recibir. El problema llega al contestar: la respuesta sale desde tu dirección personal y el cliente ve el gmail.com. Para enviar desde tu dominio hace falta un servidor de salida (SMTP) con usuario y contraseña, y eso ya es servicio de pago.
Un alias es otra dirección que cae en el MISMO buzón: info@, hola@, facturacion@ y citas@ sin pagar un céntimo más, porque no hay almacenamiento nuevo. Casi todos los proveedores los dan ilimitados o por decenas. Un buzón es lo que tiene contraseña propia, su espacio y su acceso: es la unidad que se cobra, y la única que de verdad cuenta en la factura.
De ahí sale la regla que más dinero ahorra: un buzón por persona, un alias por función. Pagar cuatro buzones para que una sola persona reciba en cuatro direcciones es el error más caro y más repetido. Y cuidado con el catch-all, ese «recíbelo todo»: acepta también las direcciones inventadas y las erratas, así que acaba siendo un imán de spam. Mejor alias explícitos, uno por uno.
Por qué tu primer correo con dominio propio cae en spam
Un dominio recién registrado no tiene historial, y para un filtro antispam «sin historial» se parece bastante a «sospechoso». Lo que te saca de ahí son tres registros en el DNS del dominio, y los tres se ponen una vez: SPF dice qué servidores pueden enviar en tu nombre, DKIM firma cada mensaje para que no se pueda falsificar, y DMARC le indica al receptor qué hacer si falla alguno y a qué dirección mandarte los informes.
No es un lujo técnico. Desde febrero de 2024 Gmail y Yahoo exigen autenticación a quien les manda correo, y a quien envía en volumen —más de 5.000 mensajes al día— le piden además DMARC, baja de un clic y una tasa de quejas por debajo del 0,3 %. Un negocio pequeño no llega a esos volúmenes, pero el filtro que decide es el mismo: sin SPF ni DKIM, tu presupuesto compite por la bandeja de entrada con el spam de verdad.
Las dos primeras semanas también cuentan: manda poco, contesta a hilos reales y no importes una lista de 2.000 contactos el día del estreno. Y haz la prueba que ningún proveedor hace por ti: envía un mensaje a una cuenta de Gmail y a otra de Outlook, mira si cae en la bandeja principal y abre los detalles del mensaje para comprobar que SPF y DKIM aparecen como superados.
Cuántas direcciones necesitas de verdad
Si trabajas solo, una: tunombre@tudominio.com, con los alias que quieras colgados detrás. Es la dirección con la que hablas con clientes y la que mejor funciona, porque un correo con nombre recibe respuesta y un info@ parece el buzón donde los mensajes se mueren. La dirección de tu dominio tiene además una ventaja que no se ve: no cambia aunque cambies de teléfono, de operador o de proveedor de correo.
El reparto que funciona: el nombre para hablar con personas; un alias genérico (hola@ o info@) para el formulario de la web y la ficha de Google; y un alias de facturación que algún día pasará a tu asesoría sin tener que avisar a nadie de un cambio de dirección. Para eso sirven los alias: una función que puede cambiar de manos no se ata al nombre de una persona.
En equipo cambia una cosa: lo que se comparte —pedidos@, citas@— tiene que ser un buzón compartido o un alias que entre en varios buzones, nunca una contraseña circulando por WhatsApp. El día que alguien se va, un alias se redirige en un minuto; una contraseña compartida obliga a cambiarla, a repartirla otra vez y a esperar a que todos se enteren.
Lo que te pide la ley española: la dirección en la web, el CCO y el cifrado
La LSSI (Ley 34/2002, artículo 10) obliga a que en tu web figure, de forma permanente y fácil de encontrar, tu dirección de correo electrónico junto al resto de los datos del prestador. Es el motivo por el que un formulario a secas no basta: la ley pide un medio de contacto directo y efectivo, y el correo es el que cualquiera sabe usar. Si tu web lleva un info@ que nadie lee, el requisito está cumplido en el papel y roto en la práctica.
El error que más sanciones acumula no es técnico: es mandar un aviso a cien clientes con las direcciones a la vista en «Para» o en «CC». Para la AEPD eso es comunicar a cada destinatario los datos personales de los demás, y una dirección con nombre y apellido es un dato personal de libro. Se arregla con el campo CCO o, mejor, con una herramienta de envíos que mande un mensaje por destinatario.
Y dos cosas que conviene tener por escrito: tu proveedor de correo es un encargado del tratamiento (artículo 28 del RGPD), porque en ese buzón hay datos de tus clientes, así que necesitas su contrato de encargo y saber en qué país están los servidores; y la conexión tiene que ir cifrada (artículo 32). Si manejas datos de salud o expedientes, el cifrado en tránsito es el mínimo exigible, no la meta.
Las cinco trampas del correo «incluido» con el hosting
Uno: el correo atado al alojamiento. Si el buzón vive en el mismo panel que la web, el día que cambies de hosting te juegas el correo y el archivo de años. Dos: la IP compartida. La reputación de tus envíos depende de los cientos de sitios que comparten ese servidor; si uno manda spam, el que acaba en la carpeta de correo no deseado eres tú, y no hay nada que puedas tocar para arreglarlo.
Tres: el cupo de 1 GB. Suena enorme hasta que llevas dos años de PDFs y fotos; cuando se llena, el correo deja de entrar y a veces el remitente no recibe ni el aviso. Cuatro: el dominio a nombre de la agencia. Quien es titular del dominio manda sobre todas las direcciones que cuelgan de él: esa es la trampa que de verdad cuesta dinero, porque recuperar un dominio ajeno no siempre se consigue.
Cinco: los registros MX borrados en una mudanza. El correo y la web pueden vivir en sitios distintos, y lo normal es que así sea. Cuando alguien mueve la web y reescribe el DNS sin copiar los registros de correo, el buzón se queda en silencio horas o días; es el fallo más caro de los cinco porque nadie se entera, los mensajes no rebotan, simplemente no llegan. Antes de cualquier migración, pide por escrito los registros MX, SPF, DKIM y DMARC que hay hoy.
Cómo lo montamos nosotros
Cuando hacemos una web, el dominio se registra a nombre del cliente desde el primer día, con sus datos como titular y en un registrador que permite llevárselo a otra cuenta sin pagar. No es un detalle administrativo: es la diferencia entre tener un correo profesional y alquilárselo a alguien que puede subirte el precio o desaparecer.
Durante el proyecto el buzón lo llevamos nosotros, con SPF, DKIM y DMARC puestos desde el principio y comprobados con un envío real a Gmail y a Outlook. El día de la entrega ese buzón se convierte en un reenvío gratuito a su correo personal, dentro de su propia cuenta: sigue recibiendo en su dominio sin pagar un buzón que no necesita, y el dominio ya está a su nombre.
Si prefiere no tocarlo nunca, el buzón gestionado —con sus registros al día y el archivo a salvo— va dentro del plan de crecimiento digital anual; lo que cuesta cada cosa está en la ficha de las webs y en la guía de precios de mantenimiento web. Los oficios que más dependen del correo tienen su propia ficha: asesorías y gestorías, abogados y despachos y traductores e intérpretes.
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