Mantenimiento web: precios orientativos en España
Como referencia orientativa del mercado, no como oferta: un freelance lleva el mantenimiento de una web pequeña por 20–60 € al mes (240–720 € al año); una agencia pequeña se mueve entre 50 y 150 € al mes; y una agencia que además hace SEO, contenidos y campañas va de 200 a 600 € al mes. Fuera de cuota, la hora suelta se factura entre 40 y 70 € en freelance y entre 60 y 90 € en agencia.
La cifra sola no dice nada. Dos cuotas de 60 € al mes pueden significar «te actualizo los plugins y te guardo una copia» o «me ocupo de todo y tienes cuatro cambios al mes con respuesta en 48 horas». Lo que se compara no es el precio: es la lista de lo que entra y el plazo en que se hace.
Y hay una asimetría que conviene tener delante: el mantenimiento es el único tramo del presupuesto que se paga toda la vida de la web. Una web de 1.500 € con una cuota de 100 € al mes cuesta 3.900 € a los dos años. Ahí se decide lo que acaba costando estar en internet, no en el presupuesto inicial.
Lo que pagas aunque no contrates ningún mantenimiento
Antes de comparar cuotas hay que separar la infraestructura, que llega igual: el dominio (10–15 € al año para un .es o un .com), el alojamiento compartido (50–150 € al año) y el correo con tu nombre (12–40 € al año por buzón). El certificado de seguridad, el candado, es gratuito desde hace años y cualquier alojamiento decente lo emite solo.
Eso son entre 70 y 200 € al año por tener la web encendida, y no es mantenimiento: es la luz. La parte del dominio la desglosamos en la guía de cuánto cuesta un dominio web al año.
La trampa más repetida del sector vive justo aquí: cuotas de «mantenimiento» de 20 o 30 € al mes que son el alojamiento con otro nombre. Se detecta con una sola pregunta: ¿cuántas horas de trabajo humano incluye esta cuota al mes? Si la respuesta es ninguna, no es mantenimiento.
Qué hace un mantenimiento que vale lo que cuesta
Actualizaciones, y comprobación después. Núcleo, plantilla, plugins y versión de PHP. No es darle a un botón: es entrar después a comprobar que el formulario sigue enviando correos y que la portada no se ha descolocado. La mitad de las webs rotas que nos llegan se rompieron en una actualización que nadie revisó.
Copias de seguridad probadas. Una copia que nunca se ha restaurado no es una copia, es un fichero. Pregunta cada cuánto se hacen, si se guardan fuera del mismo servidor y cuándo se probó la última restauración. Si no hay fecha, no hay copia.
Vigilancia. Aviso automático si la web se cae, si el certificado caduca o si aparece un fichero que no debería estar. Sin eso, quien avisa de que la web está caída es un cliente, y normalmente el lunes por la mañana después de un fin de semana entero sin teléfono.
Cambios de contenido y velocidad. Cuántos cambios entran, en cuánto tiempo se hacen y qué pasa un sábado. Y una revisión periódica de rendimiento: una web se vuelve lenta sola, a base de fotos sin comprimir y de un plugin más. Eso es lo que cubre nuestro plan de crecimiento digital en su escalón más alto.
Por qué una web de WordPress cuesta más de mantener
No es una opinión sobre WordPress, es aritmética de piezas. Una web hecha con WordPress son el núcleo, una plantilla y entre quince y treinta plugins, cada uno con su calendario de actualizaciones y su propio desarrollador. Cada mes hay algo que actualizar, y cada actualización puede romper otra cosa.
Debajo está PHP, con su propio reloj: cada versión recibe dos años de soporte activo y dos más solo de seguridad —el segundo tramo se amplió en 2024—, y al terminar deja de recibir parches. Cuando eso pasa, el alojamiento obliga a subir de versión, y es entonces cuando una plantilla comprada en 2019 deja de funcionar y aparece una factura que nadie había presupuestado.
El otro riesgo es el plugin abandonado: sigue instalado, ya no recibe parches y es la vía de entrada más habitual a una web pequeña. Revisar una vez al año qué plugins siguen mantenidos y quitar los que no se usan es, de hecho, la tarea de mantenimiento con mejor relación entre coste y riesgo evitado.
Una web estática —HTML generado, sin base de datos y sin plugins— no tiene nada de eso que parchear. Así está hecha esta web, y por eso su mantenimiento es contenido, medición y vigilancia en vez de parcheo de urgencia. Si estás decidiendo cómo hacerla, lo comparamos en crear una página web con IA: qué resuelve y qué no.
Las cinco trampas del contrato de mantenimiento
1. La cuota que no incluye ningún cambio. Actualiza, copia y vigila; cambiar un precio en la web se factura aparte a precio de hora. Es legítimo, siempre que lo sepas antes de firmar y no el día que necesitas tocar dos líneas.
2. La bolsa de horas que caduca cada mes. Dos horas al mes que no se acumulan son veinticuatro al año que en la práctica se quedan en seis o siete, porque los meses tranquilos no se guardan. Pregunta si el tiempo no usado se arrastra al mes siguiente.
3. El «mantenimiento» que es el alojamiento. La más frecuente de todas, y la que se descubre el día que pides el primer cambio.
4. El dominio o el alojamiento a nombre del proveedor. Esta es la que de verdad cuesta dinero: si te quieres ir y el dominio no está a tu nombre, no te vas. Pide ver el dominio dentro de una cuenta tuya, con tu correo como contacto del titular; «lo tengo yo y no te preocupes» no es tenerlo a tu nombre.
5. La renovación automática con subida, o el rediseño obligatorio. Mira el preaviso de baja y si la cuota sube al renovar. Y quédate con la pregunta que lo resume todo: ¿puedo llevarme la web y el dominio mañana sin pagar nada más? Si la respuesta tarda, ya la tienes.
Lo que hay que mantener por obligación, no por gusto
Una web con actividad comercial en España tiene que identificar a su titular: la LSSI (Ley 34/2002, artículo 10) pide nombre o razón social, NIF, domicilio y una forma de contacto directa, accesibles de forma permanente y gratuita. Si cambias de domicilio o de forma jurídica, la web cambia. No es una tarea de una vez: es mantenimiento.
El aviso de privacidad tiene que describir los tratamientos reales, no los del año pasado. El día que añades un chat, un mapa incrustado, un píxel de publicidad o un formulario nuevo estás tratando datos que no estaban declarados. La autoridad es la AEPD, y las cookies son uno de sus motivos de sanción más habituales: rechazar tiene que ser tan fácil como aceptar, en el mismo nivel del aviso.
Y desde el 28 de junio de 2025 hay una capa más. La Ley 11/2023, que traspone la directiva europea de accesibilidad (2019/882), exige accesibilidad a los servicios de comercio electrónico y a otros servicios dirigidos a consumidores; las microempresas de servicios —menos de 10 personas y menos de 2 millones de euros— quedan exentas. La referencia técnica es WCAG 2.1 en nivel AA, y lo relevante aquí es que la accesibilidad se rompe sola: cada imagen nueva sin texto alternativo y cada PDF subido a las prisas la deshacen.
Nada de esto lo resuelve un plugin y nada de esto se hace una sola vez. Es una revisión anual de textos, plantilla y contenidos que alguien tiene que llevar en su calendario, y si no está en la cuota, no está.
¿Cuántos cambios necesitas de verdad al año?
La cuenta honesta empieza por contar. Un restaurante cambia carta y precios varias veces al año y además cambia horarios en verano: ahí una cuota con cambios frecuentes se paga sola. Una academia mueve calendario y tarifas cada curso, dos o tres tandas al año. Una clínica dental cambia el cuadro de profesionales y los horarios cada vez que hay una alta o una baja.
En el otro extremo, una web de servicios profesionales que no publica nada puede pasar un año entero con dos cambios. Pagar 100 € al mes por eso son 1.200 € al año para dos correos: lo que hace falta ahí es una cuota mínima con vigilancia y una tarifa de hora clara, no un plan grande.
El error simétrico también existe: contratar la bolsa de dos horas y descubrir en marzo que renovar la carta entera con fotos nuevas se come el año. Cuenta los cambios que has pedido en los últimos doce meses y compra para eso, no para el escenario que te gustaría tener.
Cómo lo hacemos nosotros
Nuestro plan es anual y tiene tres escalones: Mantenimiento: Plan Básico, con cambios al mes; Mantenimiento: Plan Sin Límites de Cambios, con cambios a la semana; y el Plan Crecimiento, que añade trabajo continuo de servidor y Core Web Vitals, Search Console y Analytics revisados cada mes, SEO con contenido y enlaces, y campañas en Google, Meta y TikTok propuestas y llevadas por nosotros (la inversión publicitaria la pone el cliente). Los precios, publicados, están en la página del plan de crecimiento digital.
Se contrata al encargar la web o el día que se ve publicada, y se paga en la entrega. Después del traspaso, no: un mantenimiento que empieza dos años más tarde no es mantenimiento, es una auditoría, y se cobra como tal en cualquier sitio.
Y si no lo contratas no pasa nada, que es la parte que casi nunca está escrita: el dominio está a tu nombre desde el primer día, las claves son tuyas y no se renueva nada a tus espaldas. Si lo que quieres saber primero es cuánto cuesta la web, está en los packs de página web y en la guía de qué hay detrás de una página web barata.
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