Cuánto cuesta una página web en España: cuatro tramos
Rangos orientativos del mercado español en 2026 para una web de presentación de pocas páginas, no una oferta. Montarla tú en un constructor: 12–40 € al mes, es decir 144–480 € al año, más 20–40 horas de tu tiempo. Freelance que empieza: 400–1.200 €. Freelance consolidado: 1.500–3.000 €. Agencia pequeña: 2.500–6.000 €. Agencia mediana o grande: desde 8.000 € y sin techo claro. La hora suelta se factura entre 30 y 60 € en freelance y entre 50 y 90 € en agencia.
La horquilla asusta hasta que se entiende que dentro no hay el mismo producto. La diferencia entre 600 y 6.000 € casi nunca está en el diseño: está en cuántas horas de persona hay dentro, en quién escribe los textos y hace las fotos, y en qué pasa cuando pides un cambio seis meses después.
Y una advertencia de lectura antes de comparar nada: pregunta siempre si la cifra lleva el IVA dentro. En el sector se presupuesta antes de impuestos, así que un «1.500 €» son 1.815 € saliendo de tu banco. Dos presupuestos, uno con impuestos y otro sin, no se pueden comparar.
Las cinco variables que mueven el precio de verdad
El número de páginas. Es el multiplicador más honesto que existe: cada página son textos, maqueta, pruebas en móvil y su propio título y descripción para Google. Pasar de una página a cinco no multiplica el precio por cinco, pero sí lo dobla con holgura. Pregunta siempre cuántas van incluidas y qué cuesta la siguiente: en el mercado, una página adicional va de 60 a 150 €.
Los idiomas. Un idioma de más no duplica la maqueta, duplica el contenido, que es la parte cara. Una traducción profesional se cobra entre 0,08 y 0,14 € por palabra: una web con 3.000 palabras son 240–420 € por idioma, más el trabajo de montar las dos versiones y declarar cuál es cuál para el buscador.
Las funciones. Un formulario de contacto está incluido en casi cualquier presupuesto. Una agenda de citas con calendario, una tienda o un área de clientes son otra categoría: suben el trabajo y, sobre todo, añaden servicios de terceros con su propia cuota mensual que nadie suma al presupuesto inicial.
El contenido. Es la variable que más presupuestos revienta, porque se deja para el final. Un redactor cobra entre 60 y 150 € por página; una sesión de fotos de negocio, entre 250 y 600 €; una foto de banco de imágenes decente, entre 10 y 30 €. Si el presupuesto dice «textos aportados por el cliente», esa línea sigue existiendo: la pagas con tu tiempo.
El plazo. La urgencia se cobra. Un encargo que hay que entregar en una semana lleva un recargo del 20 al 50 % en casi cualquier estudio, porque significa apartar otro trabajo. Si tienes fecha —una feria, una apertura—, dilo en la primera conversación y no en la última.
Lo que casi nunca viene en el presupuesto
El dominio y el alojamiento. El dominio son 10–15 € al año para un .es o un .com, con la trampa de la renovación que desglosamos en la guía de cuánto cuesta un dominio web al año. El alojamiento compartido va de 50 a 150 € al año; uno gestionado para WordPress, de 200 a 600 €. El certificado de seguridad —el candado— es gratuito y cualquier alojamiento decente lo emite solo: si te lo cobran aparte, pregunta por qué.
El correo con tu dominio. Entre 12 y 40 € al año por buzón. Parece una línea menor hasta que son seis personas, y entonces son 72–240 € al año que tampoco estaban en el presupuesto.
Los textos legales. La LSSI obliga a que una web de un negocio diga quién está detrás: nombre o denominación, NIF, domicilio y una vía de contacto directa, y sus infracciones leves llegan a 30.000 €. A eso se suman la política de privacidad del RGPD y el aviso de cookies, que según la guía de la Agencia Española de Protección de Datos no puede instalar nada que no sea estrictamente necesario antes del consentimiento, y tiene que hacer igual de fácil rechazar que aceptar. Una plantilla descargada cuesta 0 € y vale lo que cuesta; redactados a medida, 150–400 €.
Las licencias. Si la web se monta sobre una plantilla comercial y extensiones de pago, eso se renueva: 50–80 € al año la plantilla y entre 40 y 200 € cada extensión. Es la factura que aparece el segundo año y descoloca a todo el mundo.
El mantenimiento. Es la única línea que se paga toda la vida de la web, y la comparamos entera en la guía de precios de mantenimiento web al año. Aquí basta la aritmética: una web de 1.500 € con una cuota de 80 € al mes cuesta 3.420 € a los dos años.
Cinco preguntas que cambian un presupuesto
1. ¿A nombre de quién queda el dominio? Tiene que figurar el tuyo o el de tu empresa desde el primer día. Si queda a nombre de quien hace la web, tu dirección en internet no es tuya; lo contamos con detalle en la guía de qué hay detrás de una página web barata.
2. ¿Cuántas páginas entran y qué cuesta la sexta? Un presupuesto que no dice el número de páginas no es un presupuesto, es una intención. Y el precio de la página adicional conviene saberlo antes, no cuando ya la necesitas.
3. ¿Quién escribe los textos y de dónde salen las fotos? La respuesta decide la mitad del precio y casi todo el plazo. Si los pones tú, pon fecha para ponerlos: el motivo número uno por el que una web se entrega tarde es que los textos nunca llegaron.
4. ¿Cuántas rondas de cambios entran y qué pasa en la siguiente? Dos o tres rondas es lo normal. Sin ese número escrito, cualquiera de las dos partes puede tener razón, y eso siempre acaba mal.
5. ¿Qué me llevo si me voy? Accesos al dominio, al alojamiento y al gestor de contenidos, una copia de la web y los archivos de diseño. Pregúntalo cuando todo va bien, porque es la respuesta que vale dinero cuando va mal.
Por qué dos presupuestos de la misma web se llevan 4.000 €
Las horas y quién las hace. La misma web puede ser 15 horas de una persona que ya la ha hecho veinte veces o 60 horas repartidas entre diseño, maquetación, contenido y gestión del proyecto. Las dos cosas son legítimas; lo que no es legítimo es no decir cuál te están vendiendo.
La tecnología de debajo. Una web de WordPress son el núcleo, una plantilla y entre quince y treinta extensiones, cada una con su calendario de actualizaciones. Una web estática no tiene ese inventario. La diferencia apenas se nota el día de la entrega y se nota muchísimo en la cuota del segundo año.
Si alguien mide la velocidad. Pide que el presupuesto diga qué puntuación de la auditoría de Google (Lighthouse) se entrega en móvil. Es la única forma de distinguir un presupuesto que incluye optimizar las fotos y el tipo de letra de otro que entrega la web «y ya se verá». Nuestras páginas se entregan al 100 % en móvil en las cuatro categorías, y eso es una línea del presupuesto, no un regalo.
Lo que está por escrito. Quien no pone por escrito las páginas, los idiomas, los cambios y el plazo siempre es más barato en el presupuesto y más caro en marzo. Lo que no está escrito no está incluido, aunque te lo dijeran por teléfono.
Las ayudas públicas. Los programas de ayuda a la digitalización han dejado una costumbre en el sector: el presupuesto se ajusta al importe del bono en lugar de al trabajo. Si la cifra que te dan coincide exactamente con lo que te subvencionan, pide el desglose por horas y páginas. A veces cuadra; a veces lo que estás comprando son dos días de trabajo.
El coste real del primer año, sumado
Ruta A, te la montas tú. 144–480 € de suscripción al constructor, 10–15 € de dominio y entre 20 y 40 horas tuyas. Si valoras tu hora a 25 €, ahí hay 500–1.000 € que no aparecen en ninguna factura pero salen de tu negocio. Primer año: 154–495 € de caja.
Ruta B, un freelance. 400–1.500 € de hechura, 10–15 € de dominio, 50–150 € de alojamiento y entre 0 y 480 € de cuota si contratas mantenimiento básico. Primer año: 460–2.145 €.
Ruta C, una agencia pequeña. 2.500–6.000 € de hechura y 600–1.800 € de cuota anual. Primer año: 3.100–7.800 €.
La cifra que de verdad decide no es ninguna de esas tres: es el segundo año, cuando ya no hay hechura. En la ruta A son 154–495 €, en la B entre 60 y 630 € y en la C entre 600 y 1.800 €. Decide con esa columna delante, porque es la que vas a pagar cinco veces.
Lo que cambia el precio según el oficio
Un fotógrafo no paga por páginas, paga por imágenes: doscientas fotos a tamaño original hunden la velocidad en el móvil, y prepararlas en varios tamaños es trabajo real que un presupuesto por páginas no recoge. Pregunta cuántas fotos entran y quién las optimiza.
Un fisioterapeuta cree que necesita una agenda en línea y casi siempre necesita un formulario con franjas horarias: la agenda de terceros añade una cuota mensual para siempre y resuelve lo mismo que una llamada. Y si el formulario pregunta el motivo de la consulta, estás recogiendo un dato de salud: mejor no preguntarlo y dejarlo para el teléfono.
Una consultora es el caso donde el presupuesto sube de verdad, y con motivo: ficha por socio, casos de cliente y, casi siempre, inglés. Ahí el contenido es el proyecto y el diseño es la mitad pequeña.
Una óptica necesita marcas, servicios y horarios de dos sedes, no una tienda. Confundir catálogo con comercio electrónico es la forma más rápida de multiplicar un presupuesto por tres sin vender una sola gafa más por internet.
Cómo lo hacemos nosotros
Nuestro precio es cerrado y está publicado, con los impuestos dentro y el mismo en cualquier país. Las páginas que entran, el plazo de entrega y lo que cuesta una página de más están escritos en la ficha de cada pack, en los packs de página web: no hay que pedir presupuesto para saber lo que vale.
El dominio se compra a tu nombre desde el primer día y las claves son tuyas; la web se publica en tu dominio desde que empieza la producción, aunque solo haya esqueleto. El mantenimiento es aparte, anual y con precio publicado en el plan de crecimiento digital, y si no lo contratas no se renueva nada a tus espaldas.
Si lo que te preocupa es dónde está el truco de un precio bajo, está en la guía de páginas web baratas. Si lo que quieres saber es cuánto cuesta cada año, en la de mantenimiento web. Y si estás pensando en montarla tú con una herramienta de inteligencia artificial, en crear una página web con IA contamos hasta dónde llega y dónde se para.
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